Eres capaz de tener los sentimientos y eres capaz de desear. Eres capaz de sentirte atraída. Solo necesitas sentirte capaz de mostrarlo, pero también eres capaz de ello.

Esas palabras son de mi sexóloga. También son de ella estas: Siéntete merecedora del deseo que alguien pueda mostrar por ti. Otra cosa es que tú lo correspondas, pero si alguien se acerca a ti, no es por lástima. Es porque le gustas.

También, ya que estoy, añado una frase de The Ethical Slut: “If you think someone is ridiculous for finding you attractive, we worry about your self-esteem.”1

Y ahora es cuando yo digo: ¿Cómo he podido ser TAN ciega?

Lo sé, esto es un comienzo un poco in medias res que sin contexto no se entiende. Pues bien, el contexto es sencillo. Quien me haya seguido en el viaje que ha sido este blog sabe que yo he cargado una mochila muy pesada sobre el sexo. He ido relatando cómo la he ido aligerando: primero aceptando de una vez que soy una bollera perdida, también entendiendo mis miedos, deshaciendo los nudos de mi alma, explorándome a mí misma, quitándome prejuicios… pero cuando se ha tratado de sentir deseo por alguien o sentirme deseada por alguien o, simplemente, cuando he recibido alguna propuesta… mi reacción ha sido cualquier cosa menos una reacción libre; han sido todas reacciones mediadas por respuesta a trauma… y la otra, bueno, un poco se queda a cuadros.

Sin embargo, hay una desconexión increíble entre cómo me he autopercibido durante mucho tiempo y mis acciones. Dicho de una manera súper basta y recuperando más o menos algo que me dijo una antigua amiga de Barcelona: Pero si tú eres una perra innata.

Una perra innata. Bueno, el lenguaje quizás es muy del extrarradi, pero me sirve. Me sirve para canalizar esta rabia que tengo dentro.

La rabia es contra mí misma y la voy a tener que digerir. La rabia es solo un primer paso dentro de un duelo… que esta vez no es un duelo por la pérdida de alguien, sino el duelo por la ruptura de un autoconcepto… Es como que perdiera una parte (falsa) de mí, una parte cautelosamente creada para protegerme de algo súper, súper, súper peligroso como el Eros (es ironía)… Ya, yo soy la campeona de reproducir automatismos opusinos.

Pero es que, tía, en serio… Es mirar por encima las fotos que acompañan a algunos posts de este blog… Es verme pasear por Pamplona –no hablo de Londres, Barcelona, NYC, Los Ángeles, o cualquier otra capital de la moda– con una camisa abierta anudada a la cintura mostrando el sujetador como si el resto de la ciudad lo hiciera… y esto para ir a tomar un café a las 6 de la tarde. Es leerme hablando de orgasmos, masturbación, deseo sexual, ya sea en mis textos más serios o en mis (pocos) relatos.2 Es haberle perdido el miedo a desnudarme en el sitio donde me hago la depilación y hasta reírme con ellas de mis particularidades… Es que…

Ariadna Vigo, ¿que no te ves a ti misma?

Es normal. Sé que es normal. Cuando ha habido trauma, es normal que nos cueste vernos a nosotras mismas de una manera más ajustada a lo que hacemos. Sin embargo, creo que es importante aprender a tener esa mirada… ojo, tanto para lo bueno como para lo malo.

Si cierro los ojos y soy honesta conmigo misma, la verdad, he tenido tantos momentos en los que no me daba cuenta de lo que estaba pasando por estar yo más concentrada en protegerme de… ¿de qué? ¿De gustarle a alguien? ¿De que quizás me pidieran una cita? ¿De encontrarme con que, oye, quizás las barreras tan rígidas que ponía entre amistad y sexo eran una estupidez?

Dije que estaba rabiosa conmigo misma. Sé que el tono no es muy autocompasivo, pero ya habrá tiempo para eso. Sé que a toro pasado todo es más fácil y sé que en cada momento yo estaba en una situación complicada… Sin embargo, oye, que no se repita… Que las decisiones que tome sean por esencia, no por miedo.

Si es que encima lo más ridículo es que, si no estoy pensando, puedo ser extremadamente sexy y hasta proponer ideas yo… sin darme cuenta de lo que estoy proponiendo… es puro instinto. Instinto de perra. La perra innata.

Mi terapeuta me ha aconsejado algo que creo que es muy sano e importante… Cada vez que me sienta pequeña, no solo en cuestiones sexuales, sino también en situaciones de otro tipo, que tome acción. Yo voy a ser muy prudente aquí y decir muy claro que esto es una propuesta que tiene un sentido dentro de un contexto terapéutico mío y no es para nada un consejo general para todo el mundo… por mucho que suene a “sentido común”. Primero, estoy omitiendo temas personales que no quiero airear en un blog y que motivaron esa conclusión. Segundo, ahora es el momento en el que siento que la acción me libera, me sustenta y me hace crecer… yo misma hace un año y pico colapsaba debajo de cualquier intento porque tenía el alma hecha un cristo y no tenía claro casi nada; en ese momento tocó refugiarme y buscar respuestas.

Ahora que he dejado clara esa advertencia… pues sí, aunque no voy a negar que me da un vértigo bestial dar ciertos pasos, lo que observo es que hacer nunca trae las consecuencias horribles que me dibuja el miedo en la mente. No siempre una consigue lo que quiere, pero una siempre consigue más vida con cada cosa que una hace. Obvio que me da un poco de uy la posibilidad de una aventura con alguien, después de tanto tiempo y después de tantos cambios en mí… pero ahora sé que lo sano es hablar las cosas, contar mis miedos, buscar el apoyo y… oye, qué suceda ahí ya no depende del todo de mí tampoco, ¿no?

Una vocecilla me susurra: “Pero tú acabaste muy mal en 2020; ¡esas cosas malas sí que pasan!”.

Ay, las cosas de la vida. Resulta que anoche me quedé hasta tarde hablando con una amiga que hace mucho que no veo y con la que hace mucho que no hablaba –cosas que pasan–. Nos pusimos al día y luego nos pusimos nostálgicas. Ella me recordó ciertas cosas que pasamos juntas y… me dijo que ahora se me nota mucho una luz que antes no tenía, antes yo era gris.

Era gris porque me estaba pudriendo por dentro justamente por no dar los pasos, por cargar dentro con un conflicto que yo sabía que tenía que afrontar pero me ahogaban el miedo, las heridas, todo… Miro para atrás y sé qué sentía en esos momentos, una oscuridad creciente que me robó de toda esperanza y que… en el fondo yo me quería morir sin dejar rastro, poco a poco, descuidándome y dejándome estar, aun sabiendo que, dentro de mí, había una niña asustada que quería vivir.

Bueno, las cosas salieron bien porque me atreví a pedir ayuda. Mucha ayuda. Digo yo… ¿Qué es más difícil: pedir ayuda para poder comer y tener un techo unos días o dejarme llevar por mi Eros y no darle tantas vueltas a sentimientos y a ganas? Obvio que lo primero… Y en lo primero me guié por instinto y confiando en una situación en la que un No podía implicar un desastre… podía implicar no estar escribiendo estas líneas ni verme como me veo ahora, o a estar forzada a malvivir en la calle o a prostituirme o quizás acabar muerta a la intemperie por las heladas de los inviernos de Pamplona.

La actitud no lo es todo. Hay obstáculos que sí que son sistémicos. Eso no los hace insuperables, pero pueden tener un impacto y detenerte en seco sin previo aviso por un tiempo e, incluso, dañarte. Lo que sí que es todo es la visión que tengas de la vida. Si es bonita o no. Si vale la pena darle salida a los sentimientos, reconocerlos y mostrarte con toda tu vulnerabilidad ante esa persona que te ha escrito muy vulnerable… Al menos yo quiero respetar esa valentía en las demás y respetarla en mí. Luego el sí o el no o el Necesito primero que hablemos… ya son otro tema.

El instinto está. La capacidad de conectar al nivel más erótico y carnal está ahí, la saco si no me sobreanalizo… Esa misma capacidad tiñe el día de luz en toda clase de interacciones y nos hace más agradables con todo el mundo. No es que todo sea “sexo encubierto”, pero toda conexión es un encuentro humano, da igual si es para comprar el pan o un momento de cruzada de miradas en medio de un gemido lleno de sudor y olores…

Cuando me ahoguen las penas, el sentimiento de no merecer, el miedo, cuando me compare para mal… hablaré, actuaré, buscaré conectar aunque sea con torpeza… Costará y necesitaré práctica. Sí, pero la práctica hace a la maestra y la práctica comienza siempre con un granito de arena que parece minúsculo, pero luego… ay, luego cuando pasan los años, vemos lo importante que fue y todo el bien que nos trajo.

Y ahora os dejo, que debo honrar a la perra que llevo dentro.


  1. Hardy, J. W. y Easton, D. (2017). The Ethical Slut: A Practical Guide to Polyamory, Open Relationships and Other Freedoms in Sex and Love. (3ra ed.). New York City, NY: Ten Speed Press. Edición Kindle, p. 104. ↩︎

  2. Debería escribir más, ¿no? ¡Si quiero mejorar la calidad, hay que practicar! ↩︎